¿HACEMOS TESTAMENTO?

¿HACEMOS TESTAMENTO?

Todavía se conserva en el ADN de muchas personas, el miedo atávico a hacer testamento. Muchas veces casi se asimila a recibir la extremaunción. Es decir hay que esperar hasta el último minuto, cuando se considera que ya no hay más remedio. Entre los jóvenes, la creencia es la misma, aunque por otras razones; ya que se considera que si no se tienen bienes, no hay porque hacer testamento. Y en todos los casos se considera que si la Ley suple las últimas voluntades, no hay porque hacer el gasto de ir al Notario.

Todos están en un inmenso error. Vayamos por partes. Para los mayores, sobre todo no hay que esperar a que cualquier enfermedad degenere la salud, hasta el punto de que el Notario, ya no pueda cumplir con su función de asesorar e informar al testador, y sobre todo no puede recibir de este, información cumplida de cuál es su última voluntad. No son pocas las ocasiones en que somos requeridos para comparecer en centros de salud, geriátricos e incluso hospitales, a fin de  que personas en edad muy avanzada, y con franco deterioro  cognoscitivo, puedan otorgar testamento. Y a pesar de que se trata de un acto casi natural, decir a quién quieres que vayan tus bienes, para cuando no estés, y por lo tanto  no se requiere de ninguna formación especial; si que se dan en numerosas ocasiones situaciones de conflicto. Cuando se pretende una desheredación, o simplemente mejorar sustancialmente los derechos de unos herederos frente a otros. En estos casos, tiene que haber una situación de plena lucidez, y capacidad de comunicación, con el Notario, para que este tenga la plena convicción de que esa es la voluntad real del otorgante; sin aparentes coacciones, o perniciosas influencias. Si se dan estas, el Notario de forma prudente, tiene que denegar la autorización.

Para los jóvenes, desde el momento en que constituyen una familia, y vienen los hijos, aunque solo se tengan deudas o hipotecas; hay una serie de disposiciones de orden personal, que afectan a los hijos, y que su cauce natural es el testamento. Nos referimos a la designación de albaceas, tutores, para los menores de edad, administración de los bienes de la herencia, limitaciones a su libre disposición,.. etc. Si no hay testamento, surgen los conflictos entre las diferentes ramas familiares. La guarda y custodia de los menores, su educación, la administración de los bienes que hayan podido heredar, o que puedan heredar de sus abuelos,.. Son problemas que surgen cuando, por desgracia, desaparecen los dos progenitores, y no se han dejado instrucciones concretas.

Y por último, un consejo y una recomendación.

El consejo. La sencillez, no por poner más clausulas o más complejas (que las hay), el testamento es mejor o más completo. A veces la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, y los árboles no nos dejan ver el bosque. Yo siempre aconsejo a mis clientes que el testamento es el instrumento idóneo para ordenar el destino de los bienes , para después de la muerte, y por eso debe primar la sencillez, que no está reñida con la justicia. Proteger a los más débiles, repartir con equidad, y dar satisfacción a los más necesitados, pueden ser unas pautas útiles a la hora de redactar el testamento; y no convertir el testamento en una ocasión para “reinar después de morir”.

Termino con una recomendación. Si está usted en alguna de estas situaciones, joven con hijos, mayor con patrimonio o viejo con achaques, vaya al Notario, pídale información y consejo, y… haga testamento.

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